Viernes, 21 de diciembre de 2012 ¿Será el fin del mundo?

Parece increíble: un 12 por ciento de los estadounidenses creen que los mayas fijaron el fin de los días para esta fecha, y temen catástrofes al estilo de la famosa película “2012”, dirigida por Roland Emmerich. No sé si existe una encuesta en Chile al respecto, pero vivimos en la era de un internet global, permitiendo acceso a cualquier información verdadera o falsa: si es alarmante, siempre despierta la atención entre los medios y el público, mucho más que las refutaciones “aburridas” por parte de científicos.


¿Hay algo serio detrás de todo esto? Consideremos el calendario Maya. Es verdad -según éste- el 21 de diciembre termina un ciclo bastante largo, llamado “Baktún”, pero este acontecimiento es parecido a cualquier año nuevo nuestro, o a la noche del 31 de diciembre de 1999 al 1 de enero de 2000, el fin de un milenio y el inicio de otro. Como recordamos, no pasó nada extraordinario esa noche. Lo mismo vale para profecías de todo tipo. Ni Nostradamus, ni otros profetas dan argumentos de peso para que un evento catastrófico se produzca en pocos días más. Por otro lado, hay voceros de la pseudociencia que, con voz fuerte, anuncian eventos como: alineaciones de planetas, llamaradas solares (con resultados fatales), un paso del Sol por el plano galáctico, colisiones con el planeta hipotético “Nibiru” o con un agujero negro, reversiones del campo magnético terrestre, hasta invasiones de extraterrestres. Dado que todo esto carece totalmente de fundamentos científicos, se puede descartar cualquier peligro de esta naturaleza para la fecha clave del 21 de diciembre y para cualquier otro momento de las próximas décadas.

Sin embargo, un peligro real existe: El impacto de un asteroide o cometa en la Tierra. Esto ya ha pasado varias veces y fue responsable para la extinción masiva de especies, como los dinosaurios, hace 65 millones de años, cuando un asteroide de 10 km diámetro impactó en un terreno que hoy es parte de México, causando una catástrofe global. Es simpe física escolar: cualquier cuerpo del sistema solar choca con la Tierra a velocidades del orden de 30 km por segundo, que es mil veces mayor que la velocidad típica de un automóvil en una autopista. Como la energía cinética es proporcional a la masa y al cuadrado de la velocidad, resulta que la energía liberada en un choque cósmico es un millón de veces mayor que aquella en un accidente de tránsito (para igual masa). En realidad, durante tal choque cósmico el material sólido se transforma en milisegundos en una bola de gas super denso y super caliente (unos 30000 grados) explotando al instante y causando un cráter de impacto (si chocó con tierra firme) o un Tsunami gigantesco (si chocó con el océano). Un evento de tal naturaleza, llamado “Tunguska” fue registrado el 30 de Junio de 1908 en Rusia, que causó la destrucción de unos 2000 km cuadrados de bosque, sin mayores daños a la gente, porque el área correspondiente en Siberia era, en esa época, totalmente despoblado. Se calculó que un asteroide de unos 60 m de diámetro había explotado en altura. Un evento así, con un asteroide relativamente pequeño, pero impactando sobre una ciudad grande, podría causar millones de víctimas fatales. Por eso, es un peligro real.


No obstante, la ciencia moderna está preparándose para un eventual choque cósmico. Ya estamos estudiando las órbitas de más de 150 mil asteroides, y varios proyectos de búsqueda sistemática descubren cada día unos adicionales. La mayoría de ellos nunca se aceran a la Tierra, y entre los relativamente pocos, que podrían cruzar su órbita no hay ninguno que está tomando rumbo a una colisión con nuestro planeta. El peligro real surge entre aquellos pequeños asteroides que se escaparon, hasta ahora, nuestra atención. Sin embargo, la estadística de descubrimientos revela que ya conocemos la gran mayoría de los asteroides mayores de 1 km de diámetro, pero todavía falta descubrir los más pequeños que también pueden causar daños severos, como demostrado en el caso Tunguska.


Las órbitas de todos los asteroides conocidas se pueden calcular con varias décadas de anticipación. Si esto revela el peligro de un choque, tenemos tiempo para reaccionar. La NASA ya hizo varios estudios de las tecnologías para desviar el cuerpo amenazante y así evitar el choque al futuro, pero para esto se necesita actuar con mucha anticipación, varios años o décadas. Si se descubre al impactor pocas semanas o solo días antes, no se puede hacer mucho, salvo tal vez evacuar la población afectada. En todo caso, para los próximos días no existe ninguna alarma cósmica. Por eso, propongo no preparase para un fin del mundo, pero sí para la celebración de una Navidad en paz y un feliz Año Nuevo 2013.